Despertarte por la mañana temprano en un pueblo como Asiego de Cabrales tiene algo especial. Ya sea porque el primer ruido que oyes es el canto de un gallo. Porque aunque amanece con niebla, poco a poco las maravillosas vistas a los Picos de Europa te regalan el mejor de los desayunos. Porque por la noche, se dejan ver las estrellas y te preguntas, ¿hace cuánto tiempo que no veía un cielo así de estrellado?
Porque no tienes nada más que hacer, solo pasear y estar en familia. Porque estos pueblos tan pequeños te sorprenden con "chigres" asturianos como Casa Niembro, un bar-restaurante 100% recomendable donde comer unos buenos tortos de maíz con picadillo, tabla de quesos asturianos (por supuesto, ¡con cabrales!), escalopines de ternera eco o cordero a la sidra, su especialidad.
Y aunque seguramente peque de amor por la tierra, Asturias es montaña, naturaleza y desconexión y como todo lo bueno, ¡siempre se pasa muy rápido!
¿Cuál es el último sitio que os ha (gratamente) sorprendido?






































