Salir de la ciudad, respirar aire puro y admirar las caprichosas formas de la naturaleza. Admirar sí, porque el Parque Natural de Montserrat sorprende por sus redondeadas montañas, con siluetas casi irreales. Paisajes muy cercanos a los que aún no había podido acercarme (¡no por falta de ganas!) acompañados de pinceladas otoñales con esos tonos ocres que tanto me gustan.
Y aunque me cueste madrugar, más aún un sábado, es la mejor manera de aprovechar las horas libres, salir del ajetreado día a día, dejar las calles de la ciudad y rodearte de paisajes inalterables, que no entienden de modas, de economía o que justifican el (por fin) "no hay cobertura". Alejarse del "ruido" cotidiano para valorar que como siempre, las experiencias, no las cosas, son las que realmente permanecen.
¿Os gusta acercaros de vez en cuando a vuestro lado más natural?





















